Hay miles de maneras de ahorrar tiempo, la tecnología ayuda muchísimo, resolvemos en segundos lo que antes tomaba horas o incluso días. Y eso está muy bien.
De esa lógica se desprende que la gente debería estar más tranquila, más relajada, con mucho tiempo libre.

Pero no.


Parece que cuanto más tiempo se ahorra, más tiempo hay que invertir en seguir ahorrando tiempo. Hay una especie de valoración en que alguien es mejor según la cantidad de cosas que resuelva.

¿Recuerdan a Felipe? Aquel personaje de la historieta “Mafalda” que no podía disfrutar sus tardes porque aún no había hecho sus deberes. Se angustiaba, y esa voz que le recordaba que no había cumplido con su deber no lo dejaba vivir.

Entonces, ¿cúando estamos perdiendo el tiempo?.
Nunca.
Siempre estamos aprendiendo algo.

En esta época del multitasking (hacer varias cosas a la vez) pareciera que el éxito es la productividad.

No importa si no nos percatamos del sabor de nuestro almuerzo porque estuvimos enviando mails mientras comemos, lo importante es la tarea cumplida, el avance, aunque no tengamos claro el rumbo, no podemos quedarnos quietos.

¿Tenemos que hacer algo productivo permanentemente?
¿Que es algo productivo?
¿Algo que nos de dinero?
¿Que mejore nuestra situación en algún punto?
¿Jugar videojuegos es productivo?
¿Mirar el techo es productivo?
¿Ver la misma película una y otra vez?

En lo personal creo que la única unidad de medida para evaluar en que invertimos nuestros minutos (si tuviera sentido tal cosa) es la felicidad que obtenemos.

Bob Marley decía que si algo te hizo feliz, no cuenta como error. ¡Tomemos eso como premisa! Y seamos felices mirando el techo si es eso lo que tenemos ganas de hacer.

¿Es mediocre?
¿Según quién?

Es hora de ser nuestro único juez en cuestiones que tengan que ver con nuestra felicidad. Es hora de desinflamar la presión permanente, sea social o interna, que dice que debemos invertir cada minuto en algo “útil”. ¡Vos decidís que es útil y que no!.

Así podría seguir días enteros, pero vamos a resumirlo en que es imposible perder el tiempo. A lo sumo podemos perdernos nosotros mismos, pero tranquilos que tarde o temprano nos volvemos a encontrar.